martes, 8 de abril de 2008

La Naturaleza

Es evidente que cuando el agricultor pretende iniciar la preparación de la tierra, una vez encontrada y elegida ésta, debe mirar que la misma se adapta a su naturaleza particular por mor de producir el fruto deseado y no cualquier exhabrupto agrícola que proceda de simientes inapropiadas.

Es por ello que a continuación se exponen algunos de esos aspectos sobre esa Naturaleza que, de estudiarse pacientemente, permitirán afrontar con mayor grado de éxito la tarea.


LA NATURALEZA EN LA ARTE
“Maldita sea la tierra por tu causa” Gen. 3,17

“Todos hablan del pecado original pero nadie recuerda la inocencia original”

Cualquiera que se acerque al estudio de la Alquimia encontrará entre otras muchas definiciones que es una Ciencia que se ocupa del estudio de la Naturaleza, mas aún, de su imitación y fiel seguimiento para ayudarla a perfeccionar sus creaciones y, por lo tanto, a perfeccionarse a si misma.

Esto se hace en respuesta a la petición que la Naturaleza formula: “Ayúdame y te ayudaré”. La Naturaleza toda está “caída”, cayó con nosotros; cuando Adán fue expulsado del Paraíso, su pecado hizo que no solamente cayese él sino que arrastró en ese descenso a toda la Naturaleza creada, puesto que Dios dijo: “Maldita sea la tierra por tu causa”.

Así, ese pecado original provocó que todo lo creado, naturaleza entera y hombre, perdiese el estado adámico original, viéndose obligado desde ese momento a trabajar para lograr “su sustento”, es decir, su perfección, siendo el hombre el mediador o ayudante capacitado para emprender tamaña tarea.

Un comentario rabínico sobre esa frase (maldita sea la tierra por tu causa) nos aclara: “La tierra será maldecida para tu bien”. Es decir, que la Naturaleza no se contaminó solamente por culpa nuestra sino que también lo hizo “por nosotros”, para permitirnos tener un medio de redimirnos, por nuestra causa.

¿Y cual es esa causa única según la Alquimia?: la regeneración, la vuelta a la Patria, al estado edénico perdido. Así, la unidad de la materia defendida por la Alquimia cobra pleno significado, y su trabajo y operaciones adquieren un sentido, permítasenos decirlo, mas “útil”. No es tan descabellado pensar que si el operador trabaja y opera sobre esa Naturaleza, redimiéndola, logre al mismo tiempo en cierto sentido redimirse a sí mismo. Es un acto generoso, de entrega, no egoísta, honesto y verdadero, sin mentira, como reza la Tabla Esmeralda.......

¿Por qué el hombre debe ayudar a la Naturaleza? Porque ésta ignora la forma de eliminar esa maldición, de purificar por sí sola la mezcla de lo caído. Y es precisamente el hombre el único que puede realizar esa función debido a que “....el hombre ha recibido de Dios la plenitud de la Ley y el conocimiento y revelación del Arte de Separación” o como nos dice Nicolas Valois en sus Cinco Libros respecto a la capacidad de la Naturaleza que por sí sola: ".... ha intentado por todos los medios hacer efectiva, pero sus fuerzas no han sido lo suficientemente grandes y reclaman el auxilio del Artista. Por eso se ha dicho: Ayúdame y te ayudaré"

Así, el hombre se convierte en el artífice único y capaz para emprender esa tarea mediante el Arte, ya que "La Naturaleza comienza, el Arte acaba y solamente el Arte purifica lo que la Naturaleza no puede purificar" (La luz surgiendo por sí misma de las tinieblas), puesto que al haber sido creado el último día, resume en sí mismo todo lo producido hasta entonces: por decirlo de alguna manera, lo contiene.

Y si el Artista operador o artífice, quiere proporcionar esa ayuda deberá imitar en todo momento a la Naturaleza que va a ayudar, en su simplicidad, honestidad y sencillez de operaciones. Pero para ello debe recibir la Gracia, el Don de Dios, que da a quien le place, el cual en cierta medida se va obteniendo también al ver cómo el trabajo va adelante, cómo se sigue en el Camino y cómo, de nuevo, se aplica con deleite, a pesar de los sacrificios, sinsabores y esfuerzos denodados, a la Obra.


Dios nos creó y creó la Naturaleza toda, luego su Espíritu no sólo está en nosotros "en medio de nosotros" como reza el Evangelio", sino que también se encuentra en todo lo creado. Por lo tanto sin Su gracia, sin que El así lo quiera no podremos jamás realizar ese trabajo.

Mientras estemos sometidos aquí abajo a este mundo corruptible, que cayó con nosotros "por nuestra causa", no podemos prescindir de lo material, es decir, de todo lo que la Naturaleza nos ofrece generosamente por y para nosotros. Ese es el gran error de los sofistas, propios del supermercado espiritual de hoy en día, donde todo lo que no sea espiritual o "espiritualizable" no vale para nada, desvirtuando cuando no manipulando groseramente los textos tradicionales para adaptarlos a lo que "vende".

Por ejemplo, cuando aquí se habla del Fuego, se suele diferenciar por mucha gente del fuego físico, despreciándolo de forma a veces enconada como si fuese algo malo, vil e inservible. ¿Acaso el fuego que nos permite cocinar nuestro alimento y dar calor a nuestros hogares debe ser marginado?,¿ es malo? Se habla también de que ese Fuego o Espíritu desciende sobre nosotros y se imagina algo etéreo y no palpable o visible cayendo de no se sabe bien donde hacia no se sabe bien qué.

Sin embargo, ese Fuego o Espíritu rodea nuestra tierra, nuestro hogar, nuestra casa y permite que todo lo vivo aquí abajo se renueve y siga viviendo, desde una humilde plantita hasta nuestra propia vida.

Luego, la naturaleza nos ofrece mediante diversos "cuerpos" ese Espíritu para que podamos mantener la vida, sin el cual estaremos de acuerdo, seríamos abatidos en el instante en que nos faltase.

Somos polvo, estamos hechos de materia y se nos formó y creó (no confundir estos dos términos) el último día, como resumen de todo. Un microcosmos que contiene todo el macrocosmos creado. Adan da nombre a lo existente precisamente porque contiene en sí mismo su esencia, puede nombrarlos por eso mismo.

"Sigue a la Naturaleza" te recomiendan y nosotros tan sutiles e inteligentes como somos, pensamos en ¿qué nos habrán querido decir?, ¿a qué naturaleza se referirán? ¿qué habrán escondido en esa expresión?. La Naturaleza que nos rodea produce miles de operaciones a diario transformaciones, sublimaciones, destilaciones y demás "ones", sin que necesite de nada en especial, y sin embargo nosotros, meros aprendices de brujo, en lugar de tratarla con cariño la tiranizamos, en lugar de tomar lo que generosamente nos frece, la explotamos. Disfrazando bajo un lenguaje aparentemente enigmático nuestro “saber” cuando en realidad todo se reduce a un “juego de niños”.

La humildad, que en sentido etimológico podríamos comparar con el humus o abono natural, junto a la paciencia son la escalera y la puerta que nos permiten pasar al jardín hermético, y la Naturaleza es así, humilde y paciente, sin prisas, sin exageraciones y sin embargo produciendo a diario admirables adaptaciones de aquello que es Uno.

Todo lo vemos “normal” incluso “científicamente” explicable, hemos perdido la maravilla, la capacidad de sorpresa ante lo increíble, y, acaso, debamos volvernos como niños para poder entrar a contemplar el espectáculo. Vaciarnos, ser odres nuevos donde pueda producirse la transformación del agua en vino....

¿Osaremos?