martes 15 de diciembre de 2009

El Gran Inquisidor

Dejo aquí un enlace al cuento corto de Dostoievski titulado El Gran Inquisidor, que, a mi modo de ver, no necesita de comentario alguno. Es lo suficientemente corto como para admirar la buena literatura y el mensaje tras ella con fruición y lo suficientemente largo para alejar a los que participan de lo expuesto por el personaje principal.

http://www.literatura.us/idiomas/fd_elgran.html

martes 24 de noviembre de 2009



Dejo aquí un breve extracto procedente de la introducción a uno de los más bellos y hermosos textos que sobre la Arte se han escrito, conocido como El Acuario de los Sabios.


Espero y deseo que alimente el hambre y aumente la sed.


EL ACUARIO DE LOS SABIOS

(BREVÍSIMO EXTRACTO)


Aunque todos los filósofos de los que hablamos hayan expuesto con frecuencia este arte eminente de distinta manera, y aunque lo hayan descrito, por las susodichas razones por medio de muchos nombres particulares, parábolas, expresiones sorprendentes en lenguas bárbaras y sofísticas, hay, sin embargo, un perfecto acuerdo entre ellos y con todas esas expresiones distintas no han querido conducir sino a un objeto único y no mostrar más que la materia única del arte. Por tanto, la mayor parte de buscadores del arte con frecuencia se han extraviado de esa materia secreta, y por eso se han equivocado de vía. En efecto, en todo tiempo y hoy todavía se encuentran hombres que suspiran por esta sabiduría, no solamente gentes poco instruidas, sino también muchas personas eminentes muy experimentadas en filosofía. Y eso no es solamente por un profundo estudio sino también con un trabajo considerable y con grandes dispendios que la buscan e intentan obtener, pero jamás pueden esperarla y mucho menos participar de ella. Pues, ciertamente, la mayor parte se dejan atrapar en el anzuelo del oro y se precipitan con frecuencia a si mismos a irreparables desdichas y, con que irrisión, se ven obligados a abandonar sus pesquisas. Sin embargo, para que nadie pueda dudar de lo bien fundamentado de este secreto arte y no lo considere una pura ficción según es habito y práctica de este mundo, quiero dar a conocer cronológicamente y nominativamente a los filósofos auténticos y a sus sucesores que, en verdad, han conocido, poseído y practicado este arte, con excepción de los mensajeros de los que se hace mención en las Santas Escrituras. Esos son: Hermes Trismegisto, Pitágoras, el bendito Jesús, Alejandro el Grande, Platón, Teofrasto, Avicena, Galeno, Hipócrates, Luciano, Longanus, Rhazes, Arquelao, Rupescissa, el Autor del Gran Rosario, María la profetisa, Denis Zachaire, Haly, Morien, Calid, Constancio, Serapión, Alberto el Grande, Estrod, Arnau de Vilanova, Geber, Ramón Llull, Roger Bacon, Alanus, Tomas de Aquino, Marcel Palingenio; los autores contemporáneos son: Bernardo el Trevisano, Hermano Basilio Valentín, Paracelso y aun otros muchos.



No hay ninguna duda de que en efecto podamos en nuestros días encontrar hombres que, por la Gracia de Dios, practican el arte y lo disfrutan todos los días de su vida en secreto y en silencio. Pero en tanto los filósofos que he enumerado han descrito con verdad y sin disimulo este muy gran magisterio y que han hecho fluir su demostración del fundamento verdadero y de la fuente simple de la naturaleza, encontramos en el extremo opuesto a muchos pseudofilósofos e impostores que se glorifican sin razón de poseer la ciencia de este arte y que se esfuerzan también en enseñarlo. Para ocultar su fraude abusan de manera vergonzosa e impía de los escritos de los verdaderos filósofos y, poniendo una venda ante los ojos de los hombres, les hacen la boca agua y se imponen para hacer su propio deseo.


miércoles 28 de octubre de 2009

La Matriz Divina




“Toda materia existe en virtud de una fuerza. Debemos asumir tras esa fuerza la existencia de una mente consciente e inteligente. Esa mente es la matriz de toda la materia." Max Planck, físico. 1944

Con estas palabras Max Planck, padre de la teoría cuántica, describía un campo universal de energía que conecta a todos y a todo lo que hay en la creación: La Matriz Divina.

La Matriz Divina es nuestro mundo. También es todo lo que hay en nuestro mundo. Somos nosotros y todo lo que amamos, odiamos, creamos y experimentamos. Al vivir en la Matriz Divina, somos como artistas que expresamos nuestras más recónditas pasiones, miedos, sueños y deseos a través de la esencia de un misterioso lienzo cuántico. Pero nosotros somos tanto ese lienzo como las imágenes plasmadas sobre él. Somos a la vez las pinturas y las brochas.

En la Matriz Divina somos el recipiente en cuyo interior existen todas las cosas, el puente entre las creaciones de nuestros mundos interior y exterior y el espejo que nos muestra lo que hemos creado. En la Matriz Divina somos a la vez la semilla del milagro y el propio milagro.

(…)

La ciencia moderna ya ha llegado al punto del que arrancan nuestras tradiciones espirituales mejor consideradas. Un creciente cuerpo de evidencia científica apoya la existencia de un campo de energía -la Matriz Divina- que proporciona ese recipiente, así como el puente y el espejo de todo lo que sucede entre el mundo que hay en nuestro interior y el mundo externo a nuestros cuerpos. El hecho de que ese campo esté en todo, desde las partículas más pequeñas del átomo cuántico hasta universos distantes cuya luz está alcanzando precisamente ahora nuestros ojos, así como en todo lo intermedio entre ambos, cambia todo lo que creíamos acerca de nuestro papel en la creación. Sugiere que debemos ser bastante más que simples observadores que pasan a través de un breve instante de tiempo por una creación preexistente.

Cuando contemplamos la “vida” –nuestra abundancia material y espiritual, nuestras relaciones y carreras, nuestros amores más profundos y nuestros mayores logros, así como nuestros temores a carecer de todas esas cosas- es posible que también estemos encuadrando nuestra mirada en el espejo de nuestras creencias más auténticas, generalmente inconscientes. Las vemos en nuestro entorno porque se han manifestado mediante la misteriosa esencia de la Matriz Divina. De ser así, la propia conciencia debe jugar un papel clave en la existencia del universo.

Somos Tanto los Artistas como el Arte.

Por inaprensible que pueda resultar esta idea a algunas personas, esta es precisamente la otra cara de la moneda de algunas de las mayores controversias entre algunas de las mentes más grandiosas de la historia reciente. Por ejemplo, en una cita de sus notas autobiográficas, Albert Einstein compartía esta creencia de que somos esencialmente observadores pasivos que viven en un universo ya previamente emplazado, sobre el que, al parecer, tenemos muy escasa influencia. “Vivimos en un mundo”, decía, “que existe independientemente de nosotros, los seres humanos, y que existía antes que nosotros, como un gran enigma eterno que, al menos de manera parcial, es accesible a nuestro pensamiento y observación”.

En contraste con la perspectiva de Einstein, que aún es ampliamente defendida por muchos científicos en la actualidad, John Wheeler, físico de Princeton y colega de Einstein, ofrece una visión radicalmente diferente de nuestro papel en la creación. En términos sólidos, claros y gráficos, Wheeler dice que: “Tenemos la vieja idea de que ahí afuera está el universo, y aquí está el hombre, el observador, protegido y a salvo del universo por un bloque de vidrio laminado de seis pulgadas”. Refiriéndose a los experimentos de finales del siglo XX que nos muestran que simplemente observar una cosa cambia esa cosa, Wheeler continua: “Ahora hemos aprendido del mundo cuántico que hasta para observar un objeto tan minúsculo como un electrón tenemos que quebrar ese vidrio laminado; tenemos que meternos dentro de él. Por lo tanto, sencillamente hay que tachar de los libros la vieja palabra observador, sustituyéndola por la nueva palabra participante”.


miércoles 16 de septiembre de 2009

Etimologías



Todo tiene un nombre que le identifica, le da a conocer, pero de forma bastarda y estéril en la actualidad. Antaño, el lenguaje, los nombres, eran definitorios del ser de la cosa nombrada, fuera ésta persona, animal u objeto e incluso acción o hecho. Actualmente este nombrar está cansado, sin fuerza, ha perdido su vigor y poder, pero ello no debe hacer que lo olvidemos.
Indagar en el origen de un vocablo, intentar conocer el verdadero significado de ese nombre es una tarea provechosa donde las haya, pero conviene ir acompañados de un buen guía que sepa qué terreno pisamos y que nos conduzca fielmente a su centro.
Para ello, proponemos a un verdadero conocedor, aunque, quizás, no muy conocido en la actualidad: San isidoro de Sevilla, cuya obra más popular son las ETIMOLOGÍAS (existe una traducción en dos tomos editada por la Biblioteca de Autores Cristianos).
De ella ofrecemos aquí el capítulo 29 dedicado precisamente a explicar el propio significado del término Etimología.
Que aproveche.
ETIMOLOGÍAS
San Isidoro de Sevilla
XXIX DE LA ETIMOLOGÍA. (1) Etimología es el origen de los vocablos cuando la fuerza del verbo o del nombre se deduce por su interpretación. Aristóteles la llamó sumbolon (sýmbolon); Cicerón, notación porque puesto un ejemplo, hace evidentes los nombres y los verbos de las cosas; por ejemplo “flumen” (río) se llama así porque se formó de fluere (fluir).
(2) A menudo este conocimiento es necesario emplearlo para la interpretación de la palabra. Pues tan pronto como adivinas de dónde procede el nombre, entiendes cuál es su fuerza. En efecto, es más fácil la averiguación de cualquier cosa en cuanto conoces la etimología. Pero no todos los nombres fueron puestos por los antiguos conforme a la naturaleza de las cosas, sino que unos los pusieron a tenor de su capricho, del mismo modo que nosotros a veces damos los nombres a nuestros siervos y posesiones según le apetece a nuestra voluntad.
(3) De aquí viene que no se encuentren las etimologías de todos los nombres, porque algunas cosas recibieron los nombres no conforme a la cualidad con la que se formaron, sino según el arbitrio de la voluntad humana. Así hay etimologías de nombres dadas o por la causa, como “reges” (reyes) de “regendo” rigiendo) y de “recte agendo” (haciendo rectamente); o por el origen, como “homo” (hombre) porque viene de “humo” (de tierra); o de los contrarios, como de “luere” (lavar) “lutum” (lodo), cuando el lodo no es limpio, y lucus (bosque, derivado de lux, luz), que opaco por la sombra, poco luce.
(4) Otros también se han formado por la derivación de los nombres, como de prudencia prudente; y otros de las voces, como de garrulidad garrulo; otros, procedentes de una etimología griega, fueron declinados en latín, como “silva”, “domus”.
(5) Otras cosas obtuvieron sus nombres de los de lugares, ciudades o ríos. Y muchas cosas traen sus nombres de las lenguas de distintos pueblos; de ahí que a malas penas se puede adivinar su origen: hay en efecto muchos nombres bárbaros desconocidos para los latinos y los griegos.

martes 4 de agosto de 2009

Génesis




Como actualmente se dicen muchas más tonterías sobre el Génesis que antes, y hay tantas interpretaciones del mismo como personas, escuelas, sectas y grupos varios dedicados a explicarnos lo "espiritual", no está de más traer a colación un breve extracto de los comentarios que sobre tan preciado libro realizó Filón de Alejandría.


Seguiremos tras el verano.



FILÓN. INTERPRETACIÓN ALEGÓRICA DE LAS LEYES SAGRADAS
CONTENIDAS EN EL GÉNESIS II Y III 1 (LIBRO 1)

(Legum allegoriae, liber I)


1 Literalmente: Interpretación alegórica de las sagradas leyes posteriores a los seis días.

1. I. "Y fueron acabados el cielo, la tierra y todo el mundo de los mismos." (Gén. II, 1.) Habiendo hablado antes de la crea­ción de la inteligencia y los sentidos; señala Moisés ahora con­cretamente la conclusión de ambos; mas, al decir que alcanzaron su plenitud, no se refiere ni a la inteligencia individual ni a los sentidos particulares sino a las formas ejemplares, la de la inte­ligencia y la de la sensibilidad. En efecto, se expresa en forma simbólica y llama "cielo" a la inteligencia en mérito a que el cielo contiene las naturalezas que sólo ella puede aprehender; y "tierra" a la sensibilidad por cuanto a ella cupo ser un compuesto de forma corporal y de características más terrenas; estando el mundo de la inteligencia constituido por todas las cosas incor­póreas e inteligibles; y el de los sentidos por las corpóreas y por cuantas, en suma, se perciben a través de ellos.

2. II. "Y en el sexto día acabó Dios las obras que había hecho." (Gén. II, 2.) Simpleza suma sería pensar que la crea­ción del mundo tuvo lugar en seis días o en un determinado transcurso de tiempo cualquiera fuere. ¿Por qué? Porque todo transcurso de tiempo es un conjunto de días y de noches, los que por fuerza se cumplen de acuerdo con el movimiento del sol en su marcha por sobre y por debajo de la tierra. Pero el sol fue creado como parte del mundo; de suerte que ninguna duda cabe de que el tiempo es más reciente que el mundo. Lo correcto, pues, sería decir, no que el mundo fue creado en deter­minado transcurso de tiempo, sino que el tiempo quedó deter­minado por medio del mundo, ya que fue el movimiento celeste quien puso de manifiesto la naturaleza del tiempo.

3. Las palabras "acabó en seis días Sus obras" han de entenderse, por lo tanto, como referencia no a un conjunto de días sino al 6; un número perfecto puesto que es el primero igual a la suma de sus partes; 1/2, 1/3 y 1/6,3 y resulta de la multiplicación de dos factores distintos, de 2 por 3; números éstos que han dejado atrás la incorporeidad involucrada en el 1; el 2 por cuanto es la ima­gen de la materia, pues es fraccionable y divisible como ella; el 3 por ser representación del cuerpo sólido, pues tres son las dimen­siones que se distinguen en lo sólido.
3 3 + 2 + 1 = 6. Sus factores, es además, la mitad más la tercera parte más la sexta parte de seis suman 6.

4. Pero además el 6 está emparentado con los movimientos de los animales dotados de miembros funcionales porque son seis las direcciones en las que por ley natural se mueve el cuerpo provisto de miembros funcionales: Hacia delante, hacia atrás, hacia arriba, hacia aba­jo, hacia la derecha y hacia la izquierda. El propósito de Moisés es, pues, poner de manifiesto cómo tanto las especies mortales como las incorruptibles han sido formadas de acuerdo con los números que les son propios estableciendo, como he dicho, una correlación entre las mortales y el número seis, y entre las felices y bienaventuradas y el número siete.

5. Y así, en el séptimo día, una vez que ha puesto fin a la formación de las especies mortales, comienza el Creador a mo­delar otras más Divinas. III. Porque en ningún momento cesa Dios en su actividad creadora, antes bien, así como es propio del fuego el ardor y de la nieve el enfriar, es también propio de Dios el hacer. Y en grado mucho mayor aún, por cuanto además Él es el origen de la capacidad de obrar de todos los demás se­res.

6. Con toda razón, pues, dice también "hizo cesar" y no "cesó"(En el texto griego de los Setenta aparece, efectivamente, la forma activa katépause = hizo cesar, en vez de la forma media katepáusato = cesó.); porque hace cesar a las cosas que, aunque aparentemente producen, nada producen realmente; pero Él no cesa de hacer. Por ello Moisés añade a "hizo cesar" la aclaración "a aque­llas cosas que Él había comenzado". (Gén. II, 3.) En efecto, todas aquellas cosas que se producen por medio de nuestras artes, una vez concluidas se estabilizan y permanecen como están; cuantas, en cambio, produce la Divina sabiduría, finali­zadas entran en un nuevo movimiento, pues sus terminaciones son origen de otras cosas; como el fin del día es el comienzo de la noche y la iniciación de cada mes y de cada año ha de ser considerada limite de los que han transcurrido.

7. La genera­ción se cumple como proceso paralelo al de la descomposición, y la corrupción se desarrolla mientras se generan otros seres; de modo que es verdad el aserto de que "nada de lo engendrado perece; separadas sus partes, da a luz una nueva forma".