martes, 8 de abril de 2008

La lectura de los textos

Me gusta mucho leer cosas raras por no frecuentes, diferentes a lo que se devora hoy en día de forma casi compulsiva. Ello hace que a veces me encuentre con pequeños placeres que lamentablemente disfruto en silencio de suerte tal que padezco una especie de onanismo literario que al menos a mi me gusta.

Entre las lecturas que me dan ese placer y que hacen que luego lo reparta por doquier está la siguiente, donde se mezcla la leyenda (en su sentido etimológico puro original) y la mitología, cosas hoy en día afortunadamente superadas pero que, uno es así, me gustan.

SOBRE LA LECTURA DE LOS TEXTOS

Todos los que habitualmente leemos algo diferente a lo habitual estamos en mayor o menor grado familiarizados con textos que normalmente se escapan a lo que suele estar “de moda”, a lo “moderno” (en el peor sentido del término), y que como punto común coinciden en ser textos ásperos en algunos casos, insufribles e incomprensibles en otros, pero siempre emanando un perfume característico que los identifica como poseedores y transmisores de una verdad, la Verdad, que en lugar de dirigirse a nuestro cerebro, golpea suave y dulcemente a las puertas de nuestro corazón. Ahora bien, estos escritos no se pueden leer (no se “deben” leer, sería más correcto) como el resto, como los profanos (de “profanum”, es decir, delante del templo”), pues si en algo se distinguen, además de por su peculiar estilo e irregular uso de la gramática, es por tratarse de libros inspirados. es decir, son textos que pertenecen a las tres grandes tradiciones denominadas “del libro” (judaísmo, cristianismo e islamismo) y, por tanto, su cualidad fundamental es ser portadores de la Sabiduría. Y Ella es una novia hermosa que no se ofrece a cualquiera, que exige unas cualidades, unos atavíos honestos, puros y dignos para entregarse en Santa Unión siempre provechosa.

Es por ésto que no podemos acercarnos a ellos como a los demás, es decir, pidiendo una lógica racional, exenta de contradicciones (que en cualquier caso sólo son aparentes) y que respondan a lo "oficialista" sobre el tema. Además, muchos leen estas obras cargados de los condicionantes culturales, científicos, religiosos, individuales, etc., en los que han sido educados, lo cual sólo puede permitir una comprensión en todo caso, y una vez más, "profana" de los mismos.

No estaría de más recordar aquí los famosos cuentos de princesas y dragones. La princesa siempre debe ser rescatada por el “caballero”, pero no por uno cualquiera, sino que debe ser aquél que reúna unas condiciones virtuosas y dignas como para ser capaz de derrotar al dragón que protege y vela su tesoro más preciado (el tema del dragón y su misión protectora, es decir, “probadora” de la dignidad del caballero será tratado en otro artículo).

Hay que tener en cuenta que, como libros inspirados, deben ser "vivificados"; así, por ejemplo, la Biblia, texto fundamental del Cristianismo, en sus orígenes estaba escrita en un hebreo denominado “bíblico” (muy diferente, por cierto, al actual) donde sólo hay consonantes, sin vocales; éstas son como el espíritu que debe descender para colocarlas correctamente entre la materia inerte (las vocales) por medio del que lee de tal forma que "vivifique" la letra muerta, que la dote de sentido, del Sentido nos atreveríamos a decir. Así, cada cual leerá aquello que esté preparado para leer, determinado siempre por su propio trabajo individual, permaneciendo siempre el texto virgen y fresco, incólume y fijo al paso del tiempo.

No olvidemos que la Tradición se transmite tanto escrita como oralmente (aspectos en ningún caso excluyentes y siempre complementarios), por lo que los Sabios recomiendan siempre en un famoso adagio (“ora, lege, lege, relege et invenies”, es decir, Reza, lee, lee, relee y encuentra”) comenzar por el "Ora" antes de continuar con el "lege", para que primero poseamos el Espíritu, necesario para poder afrontar el escrito, para poder entenderlo, para, en definitiva, comprenderlo y "encarnarlo" plenamente.

A título de ejemplo, vemos que el libro del Génesis comienza con la expresión "En el principio...", siendo la interpretación más literal, más profana, la que lo relaciona con algún significado temporal, con un comienzo concreto en el tiempo; ahora bien, si escarbamos un poco más podemos alcanzar a pensar que a lo mejor bien pudiera referirse a algo "principial", a un "germen", a algo que una vez sembrado y dispuesto en la tierra adecuada, produzca un fruto hermoso, si es bien regado, desde luego; y si tenemos en cuenta que en arameo la frase puede traducirse por "En Sabiduría...", vemos que se va abriendo un abanico de posibilidades cada vez más sugerentes....

Debemos tener en cuenta que uno lee aquello que quiere leer; es decir, uno lee con la "taza llena" por lo que encontrará aquello que refleje su contenido (el químico puro verá en el Lobo una sustancia física, el moralista quizás un desenfreno pasional a controlar, el psicoanalista una proyección del inconsciente reprimido....). Aquí sería conveniente repetir lo de la utilidad del vacío, aunque no debería ser necesario (proverbio Zen: “La utilidad de una taza radica en su vacío”).

Para finalizar esta breve y humilde aproximación (siempre mejorable) quisiera traer aquí lo escrito por Juan Pérez de Moya, canónigo de Granada del siglo XVI, en su obra "La Filosofía Secreta" (no confundir con la “Filosofía Oculta” de Agripa) editada por Glosa en 1977. En su capítulo II menciona cinco posibles modos de entender una fíbula o escrito, a saber:

Literal (histórico o parabólico) "es lo mismo que suena la letra de tal fíbula o escritura";

Alegórico, "entendimiento diverso" de lo literal;

Anagógico "de Anagoge, guiar hacia arriba a cosas altas de Dios";

Tropológico "palabra u oración convertible a informar el ánima a buenas costumbres"; y

Físico o natural "que declara alguna obra de naturaleza".

Finaliza el capítulo citando un ejemplo de lo anterior, donde interpreta la subida de Hércules al Cielo después de concluir con éxito sus trabajos, que reproducimos a continuación:

"Tomando esto en sentido literal, no se entiende otra cosa más de lo que la letra suena. Y según Alegoría o moralidad, por Hércules es entendida la victoria contra los vicios. Y según sentido Anagógico significa el levantamiento del ánima, que desprecia las cosas mundanas por las celestiales. Y según sentido Tropológico, por Hércules se entiende un hombre fuerte, habituado en virtud y buenas costumbres. Y según sentido Físico o natural, por Hércules se entiende el Sol, y por sus doce trabajos o hazañas, los doce signos del Zodíaco, sobrepujados del por pasar por ellos en un año....".