lunes, 23 de abril de 2012

Cuerpo y Alma










 

Estaba intentando escribir algo hoy, cuando el cuerpo, perezosamente, me decía, casi a gritos, que lo dejase para otra ocasión, mientras el alma contestaba, en voz sutil, que quizás si habia recibido inspiración es que era el momento de ponerme a la tarea. El primero ha seguido argumentando que no era necesario escribir por escribir, que podía hacerlo en otro momento e incluso que la luz que llegaba no era la más propicia para estos eventos literarios. La segunda callaba transmitiendo un calor silencioso, agradable y potente a la vez, que finalmente me ha hecho ponerme a la tarea inicialmente propuesta.

Uno, que ha purgado jardines variados, sabe que si la tarea de quitar las malas hierbas del terreno se pospone demasiado, no conseguirá jamás que semilla alguna no ya fructifique sino que simplemente encuentre grato y acogedor lugar para enraizar y ubicar allí su morada.

A mi, a veces, me ocurre algo parecido, pero debido a la experiencia agrícola vivida, poca pero intensa, decido hacer cada cosa a su debido tiempo, escuchando el alma de las semillas antes de que su cuerpo siquiera haya brotado.
Al fin y al cabo, dicen que nuestra vida es como un inmenso jardín donde el buen ciudado del terreno, la atención a las aguas y la adecuada elección de las semillas que en él plantemos, determinarán su verdor.

Es una práctica que me gusta.

El Hortulano.